Mostrando entradas con la etiqueta Gustavo Carmona Mendiola. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gustavo Carmona Mendiola. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de marzo de 2014



EJERCICIOS DE ORTOGRAFIA CON TEXTOS DEL QUIJOTE


LE LLAMO A SU CABALLO ROCINANTE

COMPLETA CON LO QUE CORRESPONDA (TOMA EN CUENTA QUE ALGUNOS SON SIGNOS O LETRAS CON ACENTOS ETC.)

El día en que don _uijote  salió de su aldea,
el sol  calenta_a con tanta fuerza
que faltó muy poco para que al _idalgo
se le derritiesen los pocos  se_os  que le quedaban.
Su caballo a_anzaba muy despacio,
porque el pobre estaba en los _uesos
y tenía poco  _aguante, 
aunque a don Quijote se le anto_aba la bestia
más recia y  _ermosa   del mundo.
Hacía pocos días que le hab_a puesto
el nombre de  _ocinante,
que le parecía sonoro y  musc_l
y muy apropiado para el caba_o de un gran caballero.
I_a don Quijote imaginando batallas
cuando de pronto se  entristeci_ al pensar:
"Según la ley de ca_allería,
sólo podré enta_lar  combate
cuando me  ha_an armado caballero
en _una solemne ceremonia.
Pero no  i_porta",  añadió:
"al primero que apare_ca  por el camino
le pediré que me _arme caballero".
Sin  em_argo, en todo el día no se cruzó con nadie,
y ni siquiera encontró un lugar d_nde  comer,
así que al ca_er  la tarde don Quijote y su caballo
iban tan cansados como muertos de _ambre.
Por fortuna, antes de que  _anocheciera 
asomó una _enta junto al camino 
y, al _erla, don Quijote empezó a decirse:
"Qué casti_o tan magnífico!
¡Qué torres, qué _almenas, qué foso!",
porque, como esta_a loco de atar,
todo lo que _eía le parecía
igual a lo que le contaban los li_ros.
A la puerta de la venta vio a unas mu_erzuelas
y las tomó por delic_das princesas,
y al o_r que un porquero llamaba a sus cerdos
pensó que era un centinela d_ndole la bienvenida.

EJERCICIOS DE ORTOGRAFIA CON TEXTOS DEL QUIJOTE

SE ENAMORO DE DULCINEA EL TOBOSO

COMPLETA CON LA LETRA QUE CORRESPONDA:


"Me llamaré don Qui_ote  de la Mancha", se dijo.
 "Bata_aré contra gigantes y malandrines,
defenderé a los _uérfanos y a las viudas
y me  _aré  famoso con mis hazañas".
De modo que un día de _ulio al amanecer
se puso una armadura de sus _isabuelos,
montó a lomos de su  ca_allo 
decidido a probar su _alentía en mil y una aventuras.
Llevaba una lanza y una  _espada   que habían criado polvo
en un rinc_n durante muchos años,
y lo primero que _izo al salir de su aldea
fue pensar en su amada  _ulcinea del Toboso.
Y es que, como todos los ca_alleros andantes
ama_an a una princesa,
don Quijote se hab_a buscado una dama
a la que adorar y  ser_ir.
Tras darle muchas  _ueltas al asunto,
había elegido a una moza la_radora
del pueblo del To_oso de la que había estado
enamorado en otro tie_po.
Se llamaba Aldonza _orenzo,
tenía sobre el la_io un lunar que parecía un bigote
y podía  tu_bar a un puerco con una sola mano,
pero don Quijote le ha_ía  dado
el no_bre  principesco de Dulcinea
y se la ima_inaba como una dama criada entre algodones,
con los  ca_ellos rubios como el oro
y con la piel m_s blanca que el marfil.

 ORTOGRAFIA DEL QUIJOTE


UN CABALLERO EN BUSCA DE AVENTURAS

COMPLETA CON LA LETRA QUE CORRESPONDA

En un lugar de la _ancha 
de cuyo nom_re no quiero acordarme,
vivió hace mucho tiempo un _idalgo alto y seco de carnes
que  ronda_a  los cincuenta años
y tenía fama de ho_bre bueno.
Cuentan que se llama_a Alonso Quijano
y que llevaba una vida modesta y sin lu_os, 
aunque en su casa nunca  falt_ la comida
ni unas buenas  cal_as   de terciopelo
que lucir los d_as de fiesta.
Don Alonso vi_ía con una criada
que  pasa_a de los cuarenta años
y con una sobrina que no llegaba a los _einte,
y era un  _ombre madrugador y amigo de la caza
que había tra_ado una estrecha amistad con el cura
y el barbero de la _aldea .
Por su  condici_n de hidalgo,
apenas tenía o_ligaciones,  así que dedicaba
sus muchas horas de ocio a leer libros de caba_erías.
Y tanto se aficionó a las historias de _igantes y batallas,
caballeros andantes y princesas cauti_as,
que llegó a vender buena parte de sus tie_as
para co_prar libros y más libros.
De día y de noche, don Alonso no _acía  otra cosa más que leer.
Por culpa de los libros, a_andonó  la caza
y descuidó su _acienda,
hasta que a  fuer_a de tanto leer y tan poco dormir,
se le secó el cere_ro y se volvió loco.
A veces soltaba de g_lpe el libro que tenía entre manos,
blandía con fuerza su _ieja espada
y empezaba a  acuchi_ar las paredes
como si se estu_iera defendiendo de una legión de fieros gigantes.
Se había co_vencido de que todo
lo que contaban sus libros era _erdad,
y así fue como se le ocurrió el ma_or disparate
que _aya pensado nadie en el mundo:
decidió hacerse ca_allero andante
y _echarse a los caminos en busca de aventuras.